“El lenguaje moldea nuestro comportamiento y cada palabra que usamos está llena de multitud de significados personales… Debemos orquestar cuidadosamente nuestro discurso si queremos alcanzar nuestras metas y hacer realidad nuestros sueños.”Dr. Andrew Newberg, Las palabras Pueden Cambiar tu Cerebro

No es lo que dices. Es cómo lo dices. Seguramente habrás escuchado esto muchas veces ¿la razón? Es totalmente cierto. Las palabras esconden un poder infinito y desde cómo formas una oración, hasta el tono y la intención con la que las dices,  cuenta; en especial cuando se trata de comunicarnos con otros.

La comunicación es un acto bidireccional. Acción (lo que decimos) y reacción (cómo responden a lo que decimos) conforman un ciclo en el que todos participamos a diario.

Las palabras en las que pensamos, el saludo que damos a otros al entrar al ascensor, a la oficina en la que trabajamos, cómo nos dirigimos al barista que prepara nuestro café, todas son situaciones que podrían parecer básicas e inconsecuentes, pero que tienen un gran impacto en nuestro estado mental y por consiguiente, en el de otros.

Hay muchas otras razones por las que pensar antes de hablar es tan importante, ya que no solo se trata de volverte autoconsciente hasta el punto de paralizarte antes de hablar, sino que conozcas todos los recursos que tienes a tu disposición para relacionarte mejor, contigo y con los que te rodean.

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7 razones por las que deberías pensar antes de hablar

1.- Las palabras que dices son un reflejo de lo que eres

Y es por esto que, la razón número 1 por la que debemos cuidar lo que decimos, es porque esas mismas palabras y lo que comunicamos a través de ellas, son un fiel reflejo de lo que somos como personas.

No se trata solo de no decir malas palabras, o ser o no groseros. Se trata de carácter y de entender que tanto nuestro lóbulo frontal y el de esos con los que nos comunicamos, se activa apenas comenzamos a hablar, y por lo tanto, el tono y la palabra que usemos determinarán la percepción propia y la de terceros.

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2.- Las palabras pueden herir o ayudar a otros

Supongamos un escenario en el que, llegas a tu oficina y alguien en tu sitio de trabajo.

En vez de decirle a esa persona “muévete” ¿No sería mejor decirle “permiso”?

En cualquier tipo de situación, las palabras importan y hay miles de estas para usar, así que en vez de limitarte a unas pocas asociadas con sentimientos negativos, es preferible ampliar el vocabulario, buscar ese sinónimo en positivo de lo que queremos expresar y utilizarlo.

Tony Robbins, en su blog dedicado al desarrollo personal, lo llama “Vocabulario Transformacional” y afirma: “este tipo de vocabulario te da el poder de cambiar tus experiencias en la vida al reducir la intensidad de las emociones negativas hasta el punto en que ya no te controlan. También se puede utilizar para tomar experiencias positivas y aumentarlas a niveles de placer aún mayores.”

3.- Lo que dices refleja lo que asumes

Antes de responder, es propicio pensar en intenciones y analizar que tal vez eso que dijo esa persona o cómo lo dijo, no fue más que un comentario inofensivo.

Al principio hablábamos de acción y reacción. Este juego de causa y efecto en el acto comunicacional, es uno de los más dañinos en cualquier intercambio, porque siempre nos predispone a esperar lo peor y bajo esa perspectiva, cualquier cosa que nos digan, será tomado como algo negativo.

Aquí, la clave es no tomarnos lo que nos dicen de forma personal. Tal vez esa persona tuvo un mal día, viene de una mala situación o simplemente no se detuvo a pensar en lo que te estaba diciendo.

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4.- Las palabras también reflejan tus juicios

Es aquí donde la empatía entra juego y la razón por la cual debes pensar antes de hablar.

Usualmente, cada juicio que emitimos, dice más de nosotros que de la persona a la que estamos juzgando. Por eso es que, antes de decir cualquier frase, sea cual sea el entorno en el que te desenvuelvas, debes pensar qué palabras utilizarás y cómo responderás a aquello que te digan.

5.- Las palabras pueden afectar las acciones de otros

Y no solo las de otros, sino también las nuestras.

Cada palabra que decimos o nos decimos, tiene un impacto en nuestra propia percepción.

Si te levantas en la mañana y te dices “hoy va a ser un día fatal”, ya estás programando a tu cerebro para que eso sea así, para que tu día vaya de mal en peor. Esta forma de condicionarnos afecta nuestro rendimiento y efectividad durante el día, y no solo eso, sino que también advierte de un problema de comunicación interno que debemos resolver antes de comunicarnos con el exterior.

La programación neurolingüística es la forma ideal para no solo ser asertivos a la hora de comunicarnos en nuestro sitio de trabajo, sino también para cambiar la tonalidad negativa de todo lo que nos decimos, y transformarlo en algo positivo.

Por ejemplo, si te enfrentas a un día que sabes estará lleno de desafíos, el mensaje no tendría que ser “hoy será un día fatal”, por el contrario, el mensaje debería ser “hoy me espera un gran día y estoy dispuesta a enfrentarlo”.

Remover los “no puedo” y sustituirlos por “claro que puedo”, es uno de los primeros pasos. Pero debes internalizar esta creencia, no solo hablarla.

Igualmente sucede con otros, si les decimos que no lo lograrán, que no vale la pena, esa negativa influenciará directamente sus acciones.

6.- Lo que decimos puede afectar nuestra salud mental

El uso de palabras negativas hacia otros o hacia nosotros mismos, activan un tipo de respuesta física en nuestro cerebro. En consecuencia, la amígdala duplica la producción de hormonas como el cortisol y la adrenalina, principales responsables del estrés y la ansiedad.

Según el neurólogo Andrew Newberg, autor del libro “Las palabras pueden cambiar tu cerebro”, las palabras envían mensajes que alertan a nuestro cerebro y al ser negativas, producen una desactivación en nuestro centro de razonamiento lógico, produciendo estados de dudas, desconcierto, etc.

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7.- Las palabras se convierten en creencias

Aprendemos a través de la repetición. De la teoría pasamos a la práctica y es así como obtenemos experiencias, automatizamos procesos, creamos más conocimiento.

De esta misma forma, nuestras palabras, dichas de forma constante, nos hacen creer que las cosas son como pensamos que son y no como en realidad son.

Si a diario afirmas: “no me gusta mi trabajo”, “no sirvo para esto”, “no conseguiré nada”, estas frases que aunque parezcan solo frases, se transformarán en tus creencias limitantes, esas que día tras días alimentas y que dictan tus acciones y tu forma de relacionarte con los demás.

¿La solución? Cuida tus palabras, cuida como te comunicas tanto contigo como con el exterior.

Cuando entendemos el enorme poder que tienen las palabras, podemos reeducar nuestra mente y cambiar la perspectiva para lograr lo que sea que nos propongamos.

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